CONJUNTO FOLKLÓRICO NACIONAL ESQUIMALES “EIGUNYCHVIN”

REPÚBLICA DE KAMCHATKA

Este país extraño construido en el hielo parece « colgado » del cabo de Siberia en los mapas de geografía, entre el mar de Ojotsk y el mar de Bering. Sin embargo en este reino de la estepa y del hielo está en juego una parte decisiva de la apuesta política, frente a América, los volcanes de Kamchatka vigilan un océano estratégico. En extremo-oriente, la última frontera rusa está rodeada por dos cadenas de montañas volcánicas cuya actividad es permanente. Los habitantes indígenas de Kamchatka son pescadores (salmón, foca, ballena blanca), están organizados en grupos matrilineales, de religión chamanista (culto de las fuerzas de la naturaleza) y están empezando con la ganadería de renos.

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Este pueblo con nombre de sueño y de frío fue olvidado por la historia durante mucho tiempo. Y tuvo que aprender a sobrevivir. Provienen originalmente de una región, en algún lado entre el Asia Central y Mongolia. De ahí, hace 15 000 años antes de Jesucristo, aprovechando las temporadas de calor que conoció el final de la larga época glaciar, un primer grupo de hombres prehistóricos había emigrado hacia el nordeste de Asia, « el puente de Bering ». Abandonados a ellos mismos, “los pueblitos”, es decir los grupos humanos esparcidos en el gran norte, negocian difícilmente el paso hacia la economía de mercado. Atrapados por una historia reciente que dañó su cultura y su sabiduría, ahogados por la crisis de Rusia que les obliga a arreglárselas con sus propios medios, se enfrentan al futuro: con el deseo de  querer vivir como antes.

Entre esos pueblos, los habitantes del norte de Kamchatka, constituyeron el Conjunto folklórico nacional “ Eigunychvin », crearon nuevos campamentos y sin relación con el modo de vida que intentaron imponerles durante la época soviética. Así reviven las claves de esta cultura, que los antropólogos llaman de «subsistencia», y que hace de la supervivencia en condiciones extremas un estupendo arte de vivir. De este modo la memoria de los tiempos antiguos, ignorada durante mucho tiempo, renace en lo cotidiano.

Viven a diez horas de tren de la ciudad de Petropavlosk – Rusia – y después a nueve horas de avión de Moscú.

« Eigunychvin » – creado en 1994 por la Señora Svetlana BELIAEVA y el Señor Sergei KUTYNKAVAV – hace revivir las fiestas de antaño. Las jóvenes van vestidos con dibujos manchúes, cocidos en piel de pez. Para la danza, los jóvenes reviven su memoria histórica. Los bailarines imitan a la naturaleza. Sus danzas celebran la vida : el ataque de un oso, la caza a la ballena, el nacimiento de un niño, la belleza del amor y de la tundra; y en particular la danza del « gaga », el pájaro sagrado que se zambulló en el mar y trajo la tierra.

Esas danzas, como oraciones, son coordenadas por códigos simbólicos. Los bailarines vestidos con un abrigo o un vestido de piel de reno y calzando las « torbosa », botas tradicionales con suelas de foca, bailan al ritmo de los tambores. A veces un acordeón hace un puente entre la tradición y un inicio de modernidad. Ubicados cerca del polo norte, los koryaks se comunican siempre a través de la danza y de la música con los espíritus. Mientras tanto, los renos venerados por los hombres, buscan incasablemente su liquen y sus musgos bajo la nieve.

En esta tierra, la humanidad es difícil y la fe de los chamanes ayuda a los hombres a poder seguir su largo recorrido bajo la nieve.